Dos décadas intercambiando voces

La escuela Atril Doblaje, la más antigua de Sevilla, inicia en octubre el curso con su vigésima promoción sin perder la esperanza de una enseñanza artesanal

Jesús Redondo / SEVILLA | Actualizado 19.08.2009 - 05:00
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Alumnos de todas las edades acuden a este curso de nueve meses impartido por Enrique Rodríguez.

La escuela sevillana Atril Doblaje celebra sin aniversario, ya que no harán nada especial por el festejo, el veinte cumpleaños de la enseñanza de interpretación oral en la capital andaluza. Atril Doblaje nació como una necesidad de profesionales de esta disciplina en Andalucía tras la creación de la televisión pública andaluza. Fue la primera y todavía sigue adelante.

Pero según Enrique Rodríguez, director de Atril, el mundo del doblaje ha cambiado mucho desde ese momento. "Yo tengo una escuela pero debo de afirmar que el cambio ha sido a peor". El motivo para el sevillano es claro: los estudios filmográficos prefieren dar trabajo a alumnos que acaban de salir de un curso y que les salen muy baratos, incluso gratis. "Ahora cualquier cosa vale", concluye. En el doblaje actual, penoso según Rodríguez, "prima la rápidez con la que entregues el trabajo sobre la calidad del mismo", se entristece el profesor, que sueña con que vuelvan los tiempos en los que el doblador era como un artesano.

El curso para la 20ª promoción empezará en octubre. Las razones por las que los alumnos se interesan por su escuela son diversas: desde porque se lo ha aconsejado un amigo hasta porque da un punto snob. Pero la gente que prefiere Rodríguez son aquellos "que se lo toman en serio. Es un reto enseñar a doblar a un actor en nueve meses, me gusta que mis alumnos amorticen lo que se han gastado en mi enseñanza", comenta. Pensándoselo un segundo, dice que el truco para un buen doblador no está en las cualidades artísticas sino en la "madurez y en la ausencia de vanidad, el gran pecado de la gente joven". Pero insiste en que el doblaje es un arte muy actoral, "el porcentaje se divide a partes iguales entre técnica e interpretación, el doblador tiene que dominar el sentimiento del actor al que dobla, sino no funciona", finaliza.

El director de Atril Doblaje les pondría una hoja de reclamaciones, sin pensarlo, a los directivos de la televisión pública andaluza. Según Rodríguez, ellos son los responsables de que cada vez exista menos trabajo de doblaje en Andalucía. "La Forta -Federación de Organismo de Radio y Televisión Autonómicos- reparte una serie de horas para ser dobladas. El tiempo que podría ser destinado para las empresas andaluzas de doblaje no se reparte ya que Canal Sur ha dejado de concursar en esta lucha autonómica. En vez de invertir dinero en empresas andaluzas, prefiere comprar las series y películas ya dobladas a otras zonas porque son más baratas. Todo es política", sentencia.

Si no hay trabajo en Andalucía, ¿cómo sobrevive esta empresa sevillana de doblaje? La respuesta es clara: "Da igual el sitio donde te formes, lo importante es que estés formado, la técnica. Quien estudia en Atril tendrá la oportunidad de doblar en otros lados", insiste Rodríguez. Triste para los dobladores andaluces pero alegre para algunos telespectadores españoles que han tenido la oportunidad de ver en televisión a Jesús Olmedo (Hospital Central), Mariano Peña (Aída) y David Arnáiz (Yo soy Bea), alumnos suyos que empezaron entregando tan sólo su voz.